EL INTERMINABLE APERITIVO.


“Breve drama de un error fotográfico”
podría ser el titular de muchos de los momentos que solemos registrar en nuestras retinas, “Dulce vaivén de la memoria” podría ser el argumento de una película de sobremesa inesperada en una tarde de otoño, “Poesía encuadernada” un espacio atractivo para cualquier desahogo, y todas ellas podrían formar parte de una antología interminable de cualquiera de nuestras historias, de nuestros triunfos y glorias, de nuestros dramas y decepciones, de todo lo que nuestra piel haya catalogado como transgresor en cada experiencia.

Podríamos ver las orejas al lobo con este párrafo de introducción, si nos parásemos a observar la naturaleza que existe en nuestras carnes de colocar las historias personales o vivencias, en algo excepcional y diferente. Reflexionar el por qué solemos colocarnos en el centro de nuestra historia, es un temita curioso,  muchos pensadores a lo largo de la historia que tenemos registrada en textos han cuestionado esto mismo, abriendo un debate continuo, debido a que vivimos con esta tarea prácticamente a diario y el apoderarnos de esta manera de estar, sería la propia trampa; ya que el no conquistar, ni coronar este propósito o pensamiento sería el lugar donde quizás floreceríamos diferente, dejando de ser el centro de nuestra historia y asimilar que simplemente formamos parte de ella. Antes de adentrarme en la boca del lobo, como bien decía Isabel Pantoja, en una de sus canciones más prolíferas:  “Hoy quiero confesar que ... la primera vez que llegó a mis oídos estos interrogantes me negué a aceptarlos, huí… a los años volvió el tortazo, lo acepte y ahora intento convivir con ello, percibiendo los instantes en los que aparece. Lo llevo bien y me río bastante de mi mismo.

Era verano, era primavera. No sé muy bien la estación del año en la que estábamos, pero recuerdo que el sol nos acompañó y pasamos mucho más calor del esperado. Un monte, una masía, mucho adorno, mucho amor, una boda. No conocía prácticamente a los novios, aún menos a los invitados, pero el rebote de situaciones y circunstancias, hizo que mi cuerpo se plantara un buen traje y allí me colé, en su fiesta me planté, coca-cola para todos y algo de comer. Fue una celebración al uso dentro de las ceremonias civiles, todo muy blanco, muy floral, muy relamido por estereotipos, todo muy bonito… porque no esta reñido una cosa con otra y aunque le ponga este punto de picardía a las palabras para provocarte una sonrisa, aún recuerdo alguno de los adornos maravillosos que rodeaban los troncos de los árboles, pero sobre todo recuerdo cómo el verde de las copas de los árboles, se comían hambrientas todos los adornos humanos y personalmente me absorbían, hubo un par de momentos en los que recuerdo, sorprenderme a mi mismo embobado mirando el monte que teníamos frente a nosotros, pasando olímpicamente de lo que ocurriera a mis espaldas. Terminó la ceremonia y  los novios desaparecieron para hacerse las típicas fotos, comenzaron los entrantes, el aperitivo. En esta etapa de la boda permanecimos horas y horas. No dejaban de traer comida, bebida… todo tipo de bandejas repletas de alimentos para todos los gustos, más bebidas, un cochecito con barbacoa inscrustada donde un hombre muy amable cocinaba en directo, fue todo un espectáculo. Más aperitivos nuevos y divertidos, más bebidas, fotos, conversaciones largas, preciosas, abrazos, sonrisas forzadas, críticas espantosas, más mariconadas varias de gestos y “canapéses” ; conforme pasaban las horas, casi todos los que estaban allí comenzaron a preguntarse… -¿Habrá cena? ¿Esto será la cena? ¿Comemos más entrantes? ¿Nos espera después un gran bufete? ¿Esto será todo? ¿Es mejor comer ahora o reservarnos para la cena?  Resultó graciosa esa espera, esas conversaciones paralelas y aleatorias con las que me cruzaba cada vez que iba en busca de un vino a la barra, la gente hacía por entretenerse y curiosamente casi todas acabamos ese aperitivo, algo borrachas y con el estómago llego de tanto picoteo, pero con la incertidumbre de si llegaría esa supuesta cena. Llegó la cena y cuando  todos estábamos sentados ocurrió el llanto, la pena, la crítica… – ¡Después de tanto aperitivo, ahora tan poca cena!  ¡Si lo hubiera sabido, hubiera comido más croquetas!  ¡Ya no tengo hambre!  ¡Menos mal que me hinché a pinchos, en los entrantes!  ¡Qué gasto más innecesario de comida!  ¡Te lo dije, había cena! ¡Uff y esto tan ridículo después de ese maravilloso aperitivo!  ¡ Hombre… está bien, no nos comeríamos tanta comida después de todos los entrantes!  Allí, cada uno hizo y deshizo, supuso mientras esperaba la cena, allí pocas disfrutaron de ese aperitivo interminable esperando la cena y como es de suponer, pocas disfrutaron la cena porque se les hizo interminable el aperitivo. Allí todas estábamos equivocadas.

Todas estamos equivocadas, podría ser una idea paradigmática en la que cabe la posibilidad de cuestionar cualquier comportamiento certero como fórmula nula y así poder construir unos sistemas más amplios de pensamientos y valores flexibles sujetos a unos ejes de cambio permanentes e intangibles.

Justo,  este simulacro de muerte repentina que realiza con maestría el perro del Gif es la acción que hace mi cuerpo, cuando me vienen este tipo de fraseados algo complejos a la cabeza, donde tengo que releeeeeeeerme para comprender lo que realmente quiero articular.

¡Vamos! Que me quedo muerto conmigo mismo y alucino vecino con las enredaderas de mis jardines. Durante un rato me quedo en estado de anestesia general, como si me hubiese tomado un analgésico, después me río de mi , se naturaliza todo y me doy cuenta que simplemente ha sido un fenómeno físico de alivio producido por mi mente, al poder identificar ese pensamiento y permitirme transformarlo en palabra.

Dios bendito, ayúdame!  Voy a intentar transmitir estos pensamientos que  desmoldaban mis sesos y que realmente aunque la complejidad de estas palabras al trenzarse parezcan abrumadoras, viene a decir algo así como:

Relajar el ano y soltar nuestras certezas, nos permitiría desbancar nuestro ego y vivir de una forma más orgánica con lo que nos rodea.

Si todos viviéramos en un extraño desequilibrio donde el dudar de nuestras certezas fuera habitual, posiblemente otro gallo cantaría. Y cantaría cada día, en un estilo de música diferente, pasaríamos del rock a la música clásica, en un plis-plas. Esta manera de “vivirnos” posiblemente pondría al mundo en estado de KAOS en fracción de segundos, pero después de pasar las tormentas grandes y evidentemente el enfrentamiento natural, los vientos amainarían , tan sólo permanecería lo que es prioritario para cada una de nosotras y creo que estaríamos más cerca de repartir el pastel en partes iguales,  ¿supervivencia? ¿miedo a no identificarnos con algo? ¿ inseguridad al percibir, que ninguno de los que estamos aquí somos especiales?

Sin azotes, es natural que nos cueste sacar la mirada de nuestra propia paja mental o física, todas tenemos inseguridades, miedos. Ser libre ante nosotras mismas es complicado pero no imposible, coger el toro por los cuernos y dejarnos sacudir, aceptando nuestras propias mierdas y no aferrarnos a dinámicas excéntricas con la necesidad de sentirnos importantes; borrando de nuestra propia imaginación esa idea de “el ombligo del mundo es nuestro jacuzzi particular”, ayuda a dejar de lanzar flechas, a lo Juana de arcos, esperando arder junto a nuestras convicciones.

Bajo la experiencia que me tocó vivir , intuyo que: permitirnos ser flexibles y reconocer que podríamos estar profundamente equivocadas en cada momento, es una manera sencilla y audaz de no colocarnos en el centro del ecosistema y relativizar sobre cualquier acontecimiento, dejando espacio a nuestra propia ignorancia y todo su potencial.

A ti que estás leyendo esto y contando con la posibilidad de que te pique la  curiosidad, te comparto algunas de las preguntas que me fui lanzando a mi mismo.

¿El error forma parte de tu vida? ¿Podrías llegar a afirmar, que estás equivocado con respecto a algo que consideras certero? ¿Podrías dudar de aquello que estás convencido? ¿Dejarías que tus vestimentas se caigan  y reconocerías que estabas realmente equivocado?

PD: Cariño, no sABEMOS si llegará la cena. Disfrutemos EL APERITIVO.