CUALQUIER MAÑANA.

Hace días que me persigue la idea de escribir una entrada en el blog,  si sumo los días que podrían formar parte de esta situación e hiciera  la suma de estos mismos, posiblemente darían incluso un par de meses. Meses en los que cada idea o reflexión se anteponía a la frescura de la anterior, y donde el segundo tema que me apetecía compartir antes de tomar su forma potencialmente comunicativa, se desvanecía con el disfrute de mi propia vida. Hace días que pienso en hacer un resumen de todo lo ocurrido este verano y compartirlo, seguramente la labor de síntesis potenciaría en mi la concreción de lo vivido y me podría ayudar a armonizar ese chispazo de emociones que ocurren, si hago un repaso exhaustivo del cómo ocurrió todo. Hace muchos días, dejamos de trabajar y le dijimos adiós a nuestros alumnos y miembros del equipo, deseándoles un feliz verano.

Entonces. Justo entonces, esos días fueron cuando la fuente, fuerte y arrasadora de la creatividad envolvió mis pensamientos y ellos mis manos, sin pensarlo mucho mis links se activaron y, el cuaderno que me acompañaba, se inundó de millones de hipótesis relacionas con todas las diferentes formas que conocía entorno a la despedida, al adiós, el desapego, a dejar ir, estuve dibujando diferente fórmulas, esquemas y “super-heroínas” que nos representaran, imaginando la proeza que haríamos  junto a ellas, siendo capaces de decir adiós como el que dice -tengo hambre o me pica la nariz- pero entre una cosa y otra  me dije: Esto no me resulta lo suficientemente interesante para hilar un post completo, el mar se adentró en mi, el sol me poseyó y todo se quedó en una simple idea reveladora para mí en su momento.

 

Días después, llegué a escribir un post completo que llevaba como título “Los burros también vuelan”, nada… una vez más me absorbieron las olas y el calor de la arena. En esta entrada y manera de mirar, narraba una historia de ficción sobre el amor y los sueños esos sumamente escandalosos que posiblemente la mayor parte de la gente se asombraría, y te tacharía de loco por la imposibilidad de abarcar esto en la vida terrestre que nos ha tocado vivir. Días después me arrastró una corriente marina a unos 25 metros de profundidad hacia el fondo del mar, haciendo una excursión algo peligrosa y como podéis intuir, el pánico por todas las que estábamos ahí se potenció en milésimas de segundo porque no fui al único al que la mar quería dar una chupadita,  “tos pa´dentro”. Al día siguiente hablar sobre el pánico y  lo que hacemos o dejamos de hacer cuando nos invade; reflexionar sobre cómo la mente nos coacciona cual madero advirtiéndonos de cosas que posiblemente no ocurran en tu vida real, y tú mismo ya imaginases cualquier tipo de trailer de terror con muerte asegurada, recuerdo que tenía escrito un juego de palabras maravilloso entre la médula, la mitad, el eje, las entretelas y el corazón, que eran pura fantasía poética pero una vez más, la sal del mar y texturas de las rocas dónde solía estar sentado, sedujeron mis sentidos y decidí no esmerarme en el temita.

 

“Comer como barajares” fue la siguiente entrada que escribí en el cuaderno que me acompañaba y “La Llamada” vino justo después, en este caso la ausencia de Wifi me impidió encontrar la manera de escribir, y redactar todas esas burbujas que andaban burbujeando mis neuronas y despertando escalofríos en mis escombros, que no hombros. Siempre son muchos conceptos los que bailan mis pensamientos, y dejar que esos propios pensamientos se transformasen sin afianzarse en algo rígido es una fórmula que en mi caso funciona como enjuague bucal, es una de las maneras más purificantes de tener un aliento fresco, aceptando que todo cambia y se transforma, comenzando por nosotros y terminando dios sabe dónde. Estas eran unas de las conexiones que rondaban en las entradas que menciono.

 

Hace 15 días, todo lo que pensaba sobre mí se fundía y me hacía feliz sentir que no era el mismo que hace 16 días.

Hace 14 días,  estaba durmiendo en una tienda de campaña, solo y perdido en un lugar de este mundo. Me vino a visitar una libélula que se posó en mi dedo anular.

Hace 13 días, pasaron cosas importantes.

Hace 12 días, le dí más lugar si cabe al misterio, la magia y a las cosas intangibles en la vida.

Hace 11 días,  seguía durmiendo en la misma tienda de campaña, solo y perdido en ese mismo lugar del mundo.

Hace 10 días, si me hubiera dejado llevar por la luna nueva habría escrito la entrada más mística jamás escrita en este blog.

Hace 9 días, hice las maletas y volví a casa.

Hace 8 días, se abrieron el plazo  de inscripción de los diferentes talleres y cursos que andaremos impartiendo en esta próxima temporada, está todo publicado en Facebook. Lucía, amiga y compañera, os contará por allí todo lo que necesitéis.

 


Hace una semana que debería haber comenzado la rutina, la crisis posvacacional, los vértigos y el estrés, hace una semana que todos los deberían me los paso por el forro, aunque este comentario no sea políticamente correcto . Hace días que navego mi forma de sentir y pensar, intentando que el entorno no pudra mis esquemas, hace días que no fumo, tantos días que si los sumo podrían llegar a dar meses.

 

 

“Cuando decimos que el cristal de una ventana se ha hecho añicos porque la pelota lo ha roto, lo que decimos es que la pelota hizo algo que provocó un cambio en el cristal. Establecer la causa de una situación es un proceso complejo que precisa ciertas predisposiciones naturales a establecer tipos de relaciones entre elementos de nuestro entorno .” Somos lo que nos contamos” -Óscar Vilarroya

Confesión: Me siento afortunado de poder ser y darme la posibilidad de  fascinarme con la idea de seguir transformándome y creciendo cada día . Esto me supone que cada mañana me despierte con ganas de descubrir un nuevo misterio, abrir ese juego de Jumanji y dejarme sorprender por lo que pueda ocurrir, siendo consciente de que cualquier mañana lo inconsciente quiera participar en el juego, y es justo ahí, donde controlar tus movimientos o fichas, te aseguro que sólo te hará perder el tiempo o dilatarlo. Que todo juegue, que todo baile, que todo mueva lo que tenga que mover porque aunque nos creamos directores de nuestra propia orquesta, seguramente la sonata que escuchemos no será la que habíamos pedido tocar a los músicos, incluso ellos mismos se sorprenderán y no sabrán por qué sus dedos no puntean las cuerdas que quieren tocar. La grandeza de lo invisible y el misterio son unas de las narraciones más mágicas que el ser humano nunca podrá relatar en su totalidad, quizás ese confiar y ese tener fe de las cosas impalpables, sea uno de los lugares más curiosos que hemos venido a experimentar en este globo terrestre, donde parece que los cuentos bien contados, están dejándose escuchar en más espacios que hasta hace unos días.

 PD: Dejemos que todo lo que nos hace temblar el piso, organice nuestro propio sistema.