DONDE ESTÉ UNA BUENA CORRIDA.

 

Imagínense la escena tras el estreno, las dos sentadas en nuestro “tú y yo” arropadas por una luz fría de cocina, un té y algún que otro cigarro pasando de mano en mano. Todo era idóneo para dejarnos llevar y mirar el asunto desde todos los ángulos posibles,  sobre el “bla-bla-bla” de lo ocurrido se intercalaban onzas de chocolates y el post-estreno nos dio esta vez largas conversaciones donde tan sólo jugábamos a arreglar el mundo además de escuchar también  todo esto que nos llegó de sopetón y contemplar la presencia del capote en la obra. No recuerdo exactamente sobre que hora nos fuimos a dormir… mientras todas estábamos dormidas Jaime se iluminó, sintió la llamada y levantó su cuerpo de la cama para escribir esta reflexión bien profunda del asunto, de la cosa, de todo ese run-run que había estado llamándonos en esa cocina, en esa mesa y en esas sillas.

Una aproximación posflamenca a la faena.

A veces, el sentido es lo último que llega. En ocasiones, uno solo entiende lo que tiene entre manos una vez que todo está hecho, es decir, después del estreno. Este es el caso: ahora, después de haberla mostrado a otras personas, sabemos que esta obra es la representación de una suerte de extraña faena taurina. Y sería absurdo pretender esquivar la evidencia, intentar escapar de lo que se nos ha venido encima. Mucho más allá de lo que nunca fuimos conscientes, la corrida y los toros están presentes no solo en nuestro imaginario escénico sino en el impulso hondo que ha sostenido este proceso de creación a lo largo de tres años.
Y es que quizás los toros y el teatro sean cosa parecida. En ambos casos, se trata de hacer celebración de la vida a través de la cruda contemplación de la llegada irremediable de la muerte. En una corrida se mata a un toro ante la mirada en círculo del tendido. En el teatro se asiste a la implacable desaparición de todo lo que se hace. Dos maneras de producir espectáculos que requieren un sacrificio carnal, que enfrentan al cuerpo a los límites violentos de su existencia.
Pero nosotras, pasamos por completo de matar animales en escena. No hace falta. Ya tenemos nuestros propios cuerpos. El sacrificio está en otro lado. Para que tenga lugar la faena lo que se necesita es poner en juego dos fuerzas contrarias (aparentemente) y darles un espacio y un tiempo para que entren en relación. Algunas dirán que si no hay sangre es porque se trata de toreo de salón. Nosotras preferimos pensar que se trata de toreo de salón de té. Aquí, lo importante es lo que sucede entre medias, todo lo que ocurre entre esas dos fuerzas que han sido puestas sobre la misma arena. No hay escapatoria: de la plaza como de la escena solo se sale cuando está todo resuelto. Y el ritmo implacable que se ríe del paso del tiempo y de camino hace posible el movimiento dando lugar a una danza cruda en la que los dos cuerpos en acción se la juegan, se juegan la vida. Así, aunque todas conocemos el final, de lo que se trata es de descubrir con espanto y maravilla cómo cada tarde ocurre el trágico milagro de haber estado vivas juntas.

Jaime Conde-Salazar
Valencia, 29 de marzo de 2019.

 

 

 Toreando en este proceso nos fue acompañando Karen Mora. Ella siempre estuvo allí, nos cocinaba, nos pintaba las uñas y sí siguiéramos con los NOS esto no acabaría porque nos hemos sentido bien cuidadas y arropadas, mientras todo pasaba ella fue cogiendo notas y aquí os dejamos el TOP 10 de las frases planetarias que nos soltamos mi amiga y un servidor:

 

    • El amor mueve montañas y las primeras que mueve son las tuyas.
    • Mi debut fue un teatro de objetos.
    • Casi todos comemos la misma mierda.
    • Hay que desencadenar un montón de estados físicos e identidades que te conecten con el deseo.
    • Estar abierta a que el universo te dé las cosas, cosas que a veces toman otra forma de la esperada.
    • El último lugar donde no te meterías.
    • La mirada es un objeto más con el que componer paisajes y relaciones.
    • Mimar y tener cuidado de todo.
    • Son cuatro cositas de ná, cositas que fueron llegando en el último momento.
    • Al final la obra manda.

 

    Podríamos seguir enrollándonos, contando cada una de las anécdotas que nos fueron pasando en este último apretón del proceso pero ya os hemos robado unos 7 minutos leyendo estás palabras, gracias por hacerlo y gracias a todas las personas que nos fueron acompañando en esta corrida, gracias Valencia, a todos los que vinieron y al Espacio Inestable por abrirnos las puertas.

 

YA HEMOS ESTRENADO.

AHORA TOCA UNA DUCHA CALIENTE DE ESAS QUE EMBELESAN LAS PIELES.

 

PD: Mirémonos lentamente, descubrámonos el uno al otro.